Afganistán al borde de una crisis humanitaria, a un año del gobierno talibán

Por Yoselina Guevara López

El panorama de Afganistán continúa siendo sombrío a un año de la salida de Kabul del presidente afgano Ashraf Ghani, el 15 de agosto de 2021,y el retiro de las tropas norteamericanas y sus aliados con el restablecimiento del Emirato Islámico. Tras la toma del poder por parte de los talibanes, el conflicto armado parece haber terminado formalmente, pero en las ciudades se vive otro tipo de violencia en forma de pobreza, de supresión de los derechos civiles, políticos y humanos, una crisis humanitaria a la que el mundo le ha dado la espalda apagando los reflectores de los medios de comunicación. En esta tragedia las mujeres, ancianas, adultas, jóvenes y niñas afganas siguen pagando el precio más alto con las mismas restricciones y eliminación de derechos de la época del primer Emirato en los años noventa.

Aunque nada se diga en los noticieros occidentales, la creciente diáspora afgana, considerada la segunda más grande después de la Siria, sigue caminando la Ruta de Los Balcanes, tratando de cruzar ilegalmente las fronteras de países como Serbia, Rumania, Hungría con la esperanza de tener un futuro mejor en Europa. Otros buscan una vía de escape a través de las fronteras de Afganistán, en una inmigración constante que no ha cesado desde agosto de 2021. Turquía, Irán, Grecia, forman parte de los distintos caminos que la diáspora afgana recorre, a veces a pie, en autobús, los más afortunados en vuelos, en viajes que pueden durar meses. Casi todos los inmigrantes en cualquiera de las rutas sufren diferentes formas de violencia, física, sexual, verbal, discriminación, xenofobia, vejaciones y todo tipo de maltratos inhumanos. Es difícil determinar cuántos son con exactitud  los que se arriesgan a emprender este peligroso camino que puede significar la “libertad” pero que puede ser su peor pesadilla y que además  con certeza dejará huellas dolorosas en su vida por siempre.

Intensificación de la crisis humanitaria

Afganistán ya vivía una situación difícil antes de la llegada de los talibanes al poder, sin embargo de acuerdo a reportes de organizaciones humanitarias presentes en el territorio, en este primer año de gobierno del Emirato la crisis humanitaria se ha intensificado en todos los niveles.

La Organización humanitaria “Intersos”, presente en el territorio afgano,  señaló recientemente, a través de una nota de prensa, que en este país 7 millones de personas viven ya al borde de la inanición, sin alimentos, sin ni siquiera poder ingerir una comida al día. El hospital de la provincia afgana de Zabul registró en los primeros seis meses del año 2022, un aumento del 70%   en el número de niños desnutridos hospitalizados. Este año se prevé que 3,2 millones de niños sufran desnutrición aguda y se calcula que un millón de ellos morirá si no recibe tratamiento inmediato. Por otra parte el terremoto del 21 de junio de 2022, que afectó a los distritos de Gayan y Barmal, en la provincia de Paktika, ha sido quizá el golpe de gracia.

La Organización de las Naciones Unidas  ha manifestado que se necesitan 4.400 millones de dólares para Afganistán, a fin de ayudar a la población a través de los organismos humanitarios. Si bien un sector del Emirato talibán ha mostrado su intención de colaborar sobre todo con la ONU, una parte del cuerpo doctrinal gubernamental insiste en la idea que Afganistán puede prescindir de la ayuda de las naciones extranjeras; un razonamiento descabellado que puede hacer que el país  colapse totalmente.

Sanciones que no funcionan

El 11 de febrero de 2022 el presidente Joe Biden  emitió una orden ejecutiva embargando 3.5 mil millones de los 7 mil millones de dólares de las reservas de Afganistán en Estados Unidos; supuestamente  para compensar a los familiares de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. Lo curioso es que, ya a los parientes de los afectados por  los ataques a las Torres Gemelas, les fue ordenado un resarcimiento de casi 395 mil millones dólares  según sentencia del 03 de octubre de 2012 firmada por el juez George Daniels (Havlish vs Bin-Laden, No. 1:2003 cv 09848); pero de acuerdo a agencias de prensa este pago no ha sido solicitado a Arabia Saudí, de donde provienen, de acuerdo a investigaciones, la mayoría de los terroristas que murieron en el ataque a las Torres Gemelas.

El Banco Central de Afganistán sigue sin poder acceder a sus reservas, lo que deja al sistema bancario afgano aislado de las redes financieras mundiales. En los últimos meses, Washington y los funcionarios talibanes han mantenido reuniones diplomáticas para negociar un acuerdo que permita al Banco Central de Afganistán reanudar algunas de sus funciones. Sin embargo, hay amenazas de suspender las conversaciones debido al ataque aéreo estadounidense del pasado 31 de julio y el asesinato del líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, en Kabul.

No cabe duda que la economía afgana se ha visto gravemente afectada por las sanciones, que ya habían sido impuestas desde la invasión a Afganistán por Estados Unidos y sus aliados, pero últimamente se han  endurecido frente al gobierno talibán, reconociendo que este último está muy  lejos de ser un ejemplo en cuanto al respeto de los derechos humanos. Una vez más se comprueba que  las sanciones norteamericanas solo funcionan para hacer daño a los pueblos, y en el caso de Afganistán es la vida de millones de personas que está en riesgo, sumándose a ello  la creciente posibilidad de que surja una lucha armada generalizada que empeore aún más las precarias condiciones de ese país.

Yoselina Guevara López: comunicadora social, analista política, articulista en diferentes medios internacionales, cuyo trabajo ha sido traducido al inglés, italiano, griego y sueco. Ganadora en Venezuela del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2022, mención especial Opinión y Premio Nacional de Periodismo Anibal Nazoa 2021.

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