Venezuela: el río Manzanares a la vista y las plantas de las Plazas Públicas de Cumaná muriendo de sed

Por: Jorge Luis López. Periodista venezolano.

La ciudad de Cumaná, estado Sucre, atraviesa una de las pruebas más difíciles de su historia reciente. Los más de 40 días de interrupción del suministro de agua, tras el colapso en el túnel Guamacán, han puesto a prueba la resiliencia de cada hogar en el municipio Sucre.

Es innegable el esfuerzo titánico que realizan las autoridades nacionales y regionales para restablecer el flujo desde el embalse Turimiquire y para paliar la sed de las comunidades mediante planes de contingencia. Sin embargo, en medio de esta emergencia humanitaria, hay un patrimonio silencioso que agoniza ante nuestros ojos: la vegetación de nuestras plazas públicas.

Recorrer hoy los espacios que antes nos brindaban buen ambiente y frescor es enfrentarse a un panorama desolador. Las plantas, pulmones pequeños pero vitales de nuestra urbe, muestran hoy el color de la sequía. Están al borde de un punto sin retorno. Ignorar esta situación bajo el argumento de la prioridad humana es un error de visión; el bienestar de una ciudad también reside en la preservación de sus espacios comunes y su medio ambiente.

Lo que resulta más preocupante no es la falta de agua en sí —pues todos conocemos la causa técnica— sino la aparente falta de voluntad institucional para buscar alternativas lógicas, prácticas  y al alcance de la mano. No podemos permitir que nuestras áreas verdes desaparezcan por una omisión administrativa.

La solución no requiere de complejos estudios de ingeniería ni de desviar el agua potable destinada al consumo humano. Cumaná tiene la bendición de ser atravesada por el río Manzanares, un caudal que, afortunadamente, mantiene un flujo generoso. ¿Qué impide activar un plan de emergencia con camiones cisterna que succionen agua directamente del río para regar nuestras plazas?

Contamos con el recurso hídrico superficial y contamos con las unidades de transporte. Lo que falta es la coordinación y la decisión política de proteger lo que es de todos. Instituciones como el Ministerio para el Ecosocialismo (Minec) y los organismos locales de mantenimiento ambiental deben reaccionar antes de que el daño sea irreversible. El cambio climático ya nos castiga con temperaturas extremas; permitir que el poco verde que nos queda se seque es condenar a la ciudad a un entorno aún más hostil.

Es imperativo que el gobierno regional y municipal incluya en su agenda de emergencia la atención a estos espacios. Un par de cisternas rotando por las plazas principales, alimentadas por el Manzanares, harían la diferencia entre la vida y la muerte de nuestra flora urbana.

La emergencia es real, pero la ceguera ante el deterioro ambiental es opcional. No esperemos a que la última planta se seque para entender que el cuidado del entorno también es una prioridad de Estado. Por nuestras plazas, por nuestro clima y por la dignidad de nuestra ciudad, el llamado es a la acción inmediata. El río está allí; solo hace falta voluntad.

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