Aun Sigue impune el asesinato del patriota Arturo-Vallejo-Díaz | Información al Desnudo

Aun Sigue impune el asesinato del patriota Arturo-Vallejo-Díaz

Arturo-Vallejo-Díaz

SIGUE IMPUINE EL ASESINATO DE OTRO PATRIOTA

Eran aproximadamente las 9:16 de la noche del 17 de julio de 2003 cuando, en los predios solitarios de su casa, donde había disfrutado felices días en su niñez, la vida de Arturo Vallejo Díaz terminó abruptamente, abatido a tiros, en la oscuridad de la noche sin que la Policía de Puerto Rico se haya interesado por saber al menos el motivo del asesinato. Dos horas antes me había enviado por correo electrónico un documento tomado de la red el cual vino a ser su última colaboración voluntaria para mi labor de investigación histórica.

Resulta curioso el hecho de que la investigación misma ha estado desde el principio salpicada de descuidos e indiferencia, por decir lo menos, comenzando por el hecho de que policías auxiliares que oyeron los múltiples disparos y vieron a dos hombres huir, eligieron convenientemente no intervenir. Lo mismo eligieron los oficiales de alta jerarquía de la Policía cuando solicité investigar esa anomalía. Por alguna razón habrán pensado ellos que esa conducta era algo aceptable en el cuerpo policial que padecemos.

El agente Ricardo Torres de la división de Homicidios del CIC de Carolina, a cargo de la investigación, ha logrado por un suceso fortuito enterarse de que a Vallejo Díaz, veterano del ejército de Estados Unidos condecorado con la medalla de buena conducta y para entonces de 30 años de edad, lo acribilló un “gatillero” que estaba acompañado de otros dos bandoleros, uno de los cuales esperaba al volante de un vehículo Mitsubishi en la calle marginal donde ubica la empresa Panasonic en la avenida 65 de Infantería, jurisdicción del municipio de Carolina, cerca del lugar de los hechos.

Según el agente Torres, él ha podido identificar a los tres criminales, pero carece de testigos que estén dispuestos a testificar ante un tribunal. El referido conductor ha desaparecido gracias a que Torres ha estado, según me dijo, muy ocupado con muchos otros casos, mientras el otro cómplice fue a su vez asesinado por consecuencia de sus actividades cotidianas en el bajo mundo.

El individuo a quien el agente Torres identifica como el “gatillero” fue a parar a la cárcel del gobierno de Estados Unidos por razones que él desconoce. Cabe señalar que el término “gatillero” que usó el agente Torres se refiere, tanto “en la calle”, como en el ámbito de los organismos de investigación criminal, a individuos que matan por contrato, sin interés personal alguno en el delito que cometen.

El agente Torres me dijo durante una entrevista que se le hace muy cuesta arriba lograr que las autoridades federales le permitan acceso al asesino con el propósito de interrogarlo, pero en otra entrevista posterior me aseguró que se le haría muy fácil si pedía la cooperación de compañeros suyos que colaboran con los agentes federales.

Los tres individuos a quienes el agente Torres les atribuye el asesinato, habitantes del bajo mundo, no tenían vínculo alguno, ni directa ni indirectamente, con la vida ejemplar de Vallejo Díaz, una persona que ni fumaba ni consumía bebidas alcohólicas y cuyos intereses principales eran la lectura y la lucha por la independencia de Puerto Rico.

En el curso de su investigación, el agente Torres ha recibido información en el sentido de que agentes del FBI habían estado merodeando por Juncos, el pueblo natal de Arturo, que habían interrogado a familiares suyos y que no les informaron el motivo de sus averiguaciones, pero él ha optado por no indagar sobre el curioso asunto.

La historia contemporánea nos dice que las entidades represivas utilizan esta práctica con el propósito de ver si pueden intimidar a los independentistas y, sobre todo, indisponerlos con sus familiares. Por otro lado, Vallejo Díaz había comentado que un agente del FBI lo había llamado por teléfono a su lugar de trabajo en un hotel de San Juan y lo había citado a comparecer a sus oficinas para ser interrogado en torno a unas llamadas telefónicas amenazantes que alguien dijo haber recibido en una instalación militar norteamericana en Puerto Rico. Vallejo Díaz no compareció y subsiguientemente fue asesinado por el “gatillero” al que alude el agente Torres, por un asesino que, como profesional al fin, no le robó su dinero ni se llevó su carro y luego fue recluido en una cárcel bajo jurisdicción precisamente del mismo gobierno que investigaba a la víctima. El asesinato, pues, sigue impune después de cuatro años, lo que convierte a Vallejo Díaz en un mero número más en las siempre ascendentes estadísticas de la criminalidad en Puerto Rico.

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