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Día de la liberación: guerra de aranceles como estrategia geopolítica

Por Yoselina Guevara L.

Para este 2 de abril el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que será el “Día de la liberación”, con la imposición de aranceles al mundo entero. Un anuncio que ha puesto en rojo las bolsas mundiales que se hunden por el miedo a la estanflación. Esta aplicación de aranceles a diferentes productos importados de diversos países es una medida que se alinea perfectamente con la política del actual inquilino de la Casa Blanca que hace honor con su famoso eslogan “América primero”. Aunque las verdaderas intenciones del mandatario siguen envueltas en el misterio, las consecuencias geopolíticas de estos aranceles están teniendo un impacto significativo en las relaciones internacionales, la economía mundial y las políticas internas de Washington.

Para el mandatario norteamericano, paradoxalmente, su país es víctima del robo de muchos países que se han beneficiado de las arcas estadounidenses, por lo cual los nuevos aranceles aportarán miles de millones de dólares a los ingresos federales, ayudando a proteger el empleo. Sin embargo, es bien conocido que Washington sufre actualmente un gran déficit a nivel del comercio exterior y que el objetivo declarado de Trump, cónsono con su carrera de hombre de negocios, es “transformar de nuevo a Estados Unidos en una superpotencia manufacturera mundial”; pero surgen serias dudas que pueda lograr su cometido porque con las férreas políticas migratorias que implican las deportaciones masivas, Washington está perdiendo una gran parte de la mano de obra calificada y a bajo costo.

Venezuela en la mira 

Una de las medidas arancelarias más controvertidas se refiere a Venezuela, país suramericano ya sometido a más de mil sanciones económicas impuestas de manera unilateral por parte de Estados Unidos y sus aliados. No obstante siguiendo su política de asfixia, Trump ha impuesto aranceles secundarios del 25% a todas las importaciones comerciales de países que compren petróleo o gas a Caracas. Entre los países más afectados se encuentran China, que compra alrededor del 68% del petróleo venezolano, y otras naciones como Rusia, India y España.

El objetivo declarado de Washington es reducir el poder económico del gobierno venezolano, que Trump considera hostil por no ser genuflexo a los intereses estadounidenses; así como paralalemente busca también afectar negativamente la calidad de vida del pueblo venezolano. Sin embargo, el riesgo para los Estados Unidos es que una nueva escalada de aranceles perjudique también a las mismas empresas norteamericanas implicadas en estas transacciones, y a la larga continúe fracasando sin lograr un cambio sustancial en la política venezolana, tal cual como ha sido en los últimos años, pese a que le hayan dado grandes sumas de dinero a la oposición venezolana. La dignida y la autodeterminación del pueblo de Bolívar no tiene precio y no se puede comprar.

Grandes potencias bajo ataque

La administración Trump también está poniendo la lupa a otros países que, según la Casa Blanca, presentan desequilibrios comerciales con los Estados Unidos. En concreto, se espera que algunas naciones se verán afectados por aranceles adicionales, como China, India, Japón, Corea del Sur, Canadá, Australia y varios miembros de la Unión Europea.

Las consecuencias de estos aranceles podrían agravar las tensiones internacionales, especialmente con China, que ya ha sido objeto de numerosas medidas punitivas en los últimos años. La guerra comercial con Pekín, que ha supuesto la introducción de aranceles universales del 20% sobre una amplia gama de productos, podría ahora intensificarse aún más, con un nuevo impuesto del 25% sobre las importaciones, empeorando el crecimiento económico mundial y alimentando las preocupaciones inflacionistas.

En el caso del transporte marino, la propuesta de la Oficina del  Representante de Comercio Exterior de Estados Unidos (USTR) prevé aranceles de hasta 1 millón de dólares por cada buque chino y de hasta 1,5 millones de dólares para los transportistas no chinos que operen con buques construidos en China. También se aplicarían impuestos equivalentes a los operadores con pedidos pendientes de naves en los astilleros chinos para su entrega en los próximos dos años. De acuerdo a analistas económicos estas medidas afectarían a cerca del 80% de los portacontenedores que entran en los puertos estadounidenses.

Las reacciones internacionales no se han hecho esperar; la Unión Europea, por ejemplo, ya ha anunciado su intención de tomar medidas de represalia contra Estados Unidos, con una lista de productos norteamericanos a los que les aplicarán aranceles. China también ha amenazado con responder con sus propias acciones arancelarias, mientras que México y Canadá podrían verse afectados por nuevas medidas que ejercerían presión sobre sus ya delicados lazos comerciales con Washington.

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