¿Qué hay detrás de la tensión racial en Ferguson?

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Las desigualdades económicas, la autonomía de cada estado de la Unión para manejar su Policía y el sesgo “implícito” que hay contra las comunidades negras explican el polvorín que se está viviendo en Ferguson (Missouri), Estados Unidos

Separados y desiguales

Walter Arévalo R.*

La muerte de un joven afroamericano desarmado en medio de una acción policial, sospechoso de crímenes de mediana cuantía, puso de presente la permanencia y la práctica diaria de una forma velada pero eficaz de la doctrina del ¨separate but equal¨ (separados pero iguales) en la sociedad norteamericana.

Durante muchos años esa práctica se inspiró en las leyes del Estado de Luisiana que, bajo el rotulo ¨iguales pero separados¨ y después de la  Guerra de Secesión, pretendía pasar por encima del mandato de igualdad ante la ley que consagraba la Decimocuarta Enmienda de la Constitución federal.

Los  gobiernos locales retienen la potestad de regular temas como el orden público local, el derecho penal y la función policial.

Bajo esta doctrina – que fue abolida por la Corte Constitucional apenas en 1954- muchos Estados federados de herencia histórica esclavista justificaron una igualdad formal y aparente entre blancos y afroamericanos, sosteniendo que la igualdad ante la ley no necesariamente implicaba una mezcla de los individuos de una y otra ¨raza¨, y que por tanto era perfectamente legal tener un colegio para blancos y otro para negros.

Lo mismo ocurría en las universidades, en las sillas de los buses, en los baños públicos, en comedores y restaurantes segregados y, en general, en todo tipo de servicios y actividades sociales.

Desde sus inicios esta falsa justicia probó ser una mera legitimación del racismo y la segregación. Como era de esperarse, las condiciones de los colegios, comedores, baños y demás instalaciones disponibles para los afroamericanos eran de pésima calidad y profundizaban las diferencias sociales, culturales y económicas. Es decir: estaban “separados y desiguales”.

Mississippi
Entrada a un teatro de cine en Mississippi para “gente de color” en 1936, durante la segregación racial en Estados Unidos. Foto: Wikimedia Commons

La persistencia del racismo

Las prácticas anteriores construyeron barreras más o menos invisibles para la igualdad material de los afroamericanos, y aunque fueron declaradas inconstitucionales, muchas de ellas subsisten hoy en día en la vida pública y privada de numerosas comunidades.

Ferguson, en el condado de St. Louis, Missouri, es una de esas comunidades. Así lo prueban las condiciones de vida de quienes hoy protestan en sus calles: la zonificación de las viviendas, según planes impulsados por actores privados con el apoyo de gobiernos locales dominados por los blancos, han segregado a las poblaciones afroamericanas, de menores ingresos, a unas pocas localidades donde se permiten apartamentos o casas de lotes pequeños.
Los mejores servicios e industrias y empleadores de alto rango, pronto migran a las cercanías de las nuevas zonas habitables de mayores ingresos y cuando la frontera empieza a tornarse porosa, esta moderna clase de hacendados, cabildean, ante sus poco diversos liderazgos locales, nuevos planes zonales y de infraestructura en zonas habitables lejanas de las posibilidades de los afroamericanos y se trasladan con casas, empleos, bienes y servicios al hombro, dejando atrás comunidades económicamente deprimidas y desarraigadas, en la mira de las fuerzas del orden por sus altos índices de criminalidad y mendicidad.
Distribución de las poblaciones blanca y afroamericana
Distribución de las poblaciones blanca y afroamericana en las zonas de vivienda de St. Louis. Fuente: New York Times.
El número de redadas, requisas, arrestos y  detenciones temporales ha sido mayor en zonas predominantemente habitadas por afroamericanos, y casi nulo en vecindarios blancos

Disparidad en el sistema judicial:

Bajo el título ¨Negros, blancos y azules¨ (Black and White and Blue), el New York Times recientemente dedicó una de sus secciones a discutir la disparidad racial en el sistema judicial norteamericano, un producto de las prácticas anteriores que vino a ser el detonante de las protestas, vigilias y saqueos que se están dando en Ferguson.

Y en efecto, uno de los elementos más sensibles en la tensa relación entre ciudadanía y diversidad en Estados Unidos es el llamado ¨sesgo implícito¨ en la acción de la fuerza policiva, cuyos miembros actúan en su mayoría de forma loable y legal, pero dentro de un sistema construido sobre sesgos raciales.

A raíz del caso Brown han salido a la luz estadísticas y estudios que demuestran cómo la acción policial, aun cuando es legal y en ausencia de dolo o intencionalidad, tiende a ser más radical y descortés con las poblaciones afroamericanas, mayoritariamente apresadas  en un círculo de pobreza, desarraigo y falta de representación en las instancias de gobierno.

El número de redadas, requisas, arrestos y  detenciones temporales ha sido mayor en zonas predominantemente habitadas por afroamericanos, y casi nulo en vecindarios blancos, lo cual confirma el sesgo en las acciones de la policía.

La inercia histórica y social empuja al grueso de los oficiales, usualmente bien entrenados y cumplidores de su deber, a entrar en confrontación directa con los afroamericanos. Los cuerpos policiales de Estados como Missouri tienden a estar compuestos mayoritariamente por oficiales blancos, dependen de gobiernos locales donde los grandes empresarios tienen gran influencia y han sido entrenados en el uso de armamento pesado en vez de técnicas más apropiadas para el acercamiento a la población civil.

Por eso, varias propuestas, por lo pronto impopulares en los centros de poder local, buscan formas de romper el sesgo implícito contra las poblaciones afroamericanas, como la inclusión de más oficiales culturalmente diversos, entrenamiento especializado para acercarse a la población, relevo generacional por oficiales más tolerantes y abandono del armamento pesado.

Manifestantes en contra de la violencia racial policial
Manifestantes en contra de la violencia racial policial en Ferguson, Missouri. ​Foto: Youth Radio

La fuerza letal en un Estado policía

Por oposición a la imagen todopoderosa que proyecta Estados Unidos en el sistema internacional, el federalismo norteamericano consiste esencialmente en la conservación del poder soberano de los Estados federados y la limitación de los poderes, de naturaleza residual y enumerada, del gobierno federal, es decir, nacional. En ese contexto, los  gobiernos locales retienen la potestad de regular temas como el orden público local, el derecho penal y la función policial.

Tal construcción del Estado, junto con la regulación local y no nacional de los derechos civiles, ha hecho de la fuerza de Policía uno de los aspectos donde mejor se expresa el poder de los Estados federados, lo cual hace difícil unificar los estándares de procedimiento y hace particularmente fuertes a las Policías locales.

En el caso en cuestión, uno de los debates centrales es el alcance de los poderes de la Policía y el uso de la fuerza letal para asegurar el orden público.

Sin verdaderos estándares nacionales sobre derechos humanos, que a su vez reflejen compromisos y estándares internacionales (por ausencia de competencia federal para inmiscuirse en asuntos locales) y con tan solo un puñado de sentencias de la Corte Suprema que reflejan las practicas federales pero no obligan del todo a las entidades federadas, el arbitrio de la fuerza ha quedado a merced de cada Estado.

Además, la admisibilidad del uso de la fuerza letal es cada vez mayor, con fronteras bastante laxas: la Policía puede usar esa fuerza ante el riesgo inminente para la vida  del oficial o de otro ciudadano (como en la mayoría de democracias latinoamericanas), pero además ante sujetos en fuga y que sean ¨razonablemente considerados como una amenaza latente o posible a la seguridad¨.

Este desbordamiento de los poderes de la Policía y la legitimación excesiva del uso de la fuerza letal, sumadas al sesgo implícito hacia ciertos sectores de población y a las cada vez más fuertes barreras invisibles, seguirán siendo la receta para el desastre y los motivos para  la próxima gran reivindicación de derechos civiles, en Ferguson y en toda la Unión americana.

* Abogado, politólogo, especialista en Derecho Constitucional, LLM (Master of Laws) in international law (Summa Cum Laude) y Research Assistant en Stetson College of Law. Profesor-investigador de la U. del Rosario. Profesor de derecho Constitucional, U. El Bosque. Catedrático de Derecho Internacional. U Javeriana.

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