La Gran Tragedia la Masacre de Ponce

por Joaquín G Chévere Rivera

Vosotros conoceréis la verdad y la verdad os hará libres.” Jesucristo

Este martes 21 de marzo se cumplen 69 años del más doloroso hecho que registra nuestra historia: LA GRAN TRAGEDIA DE LA MASACRE DE PONCE con un desenlace de 19 personas inocentes vilmente asesinadas y más de 150 heridos. Lamentablemente este terrible suceso es poco conocido por nuestro pueblo. La razón es sencilla: porque el gobierno colonial que controla el sistema educativo deliberadamente se lo ha ocultado a nuestro pueblo. Los enemigos de nuestro pueblo le temen a la verdad. Porque CRISTO nos lo enseñó: VOSOTROS CONOCERÉIS LA VERDAD Y LA VERDAD OS HARÁ LIBRES’. Con esas divinas palabras en nuestras almas, hagamos un poco de historia. Para el comienzo de la década de los años 30 nuestra Patria sufría las terribles consecuencias de la invasión militar de los Estados Unidos ocurrida el 25 de julio de 1898. Ocho corporaciones norteamericanas eran dueñas de gran parte de los mejores terrenos cultivables de nuestro país. Explotan a nuestros obreros agrícolas con salarios de hambre, de 9 a 10 centavos la hora. En el aspecto cultural sufríamos la degradante campaña de americanización que llegó al absurdo de imponer el inglés como idioma de la enseñanza. Políticamente bajo el dominio y la represión violenta de gobernantes yankis.

¿Qué fue lo que ocurrió aquel fatídico 21 de marzo de 1937? ¿Por qué ocurrió y quiénes fueron los responsables?¿Por fin se hizo justicia? Querido lector de esto trata este artículo. De forma breve trataré de contestar esas interrogantes.

Antecedentes históricos

En 1930, Pedro Albizu Campos es electo presidente del Partido Nacionalista de Puerto Rico, comprometido cabalmente con la independencia de nuestra Patria. De inmediato comienza la más honesta y comprometida campaña de educación política que se hubiese conocido en nuestra historia. Denuncia con valor la explotación económica de las corporaciones norteamericanas. Protesta y combate los abusos de poder de los gobernantes yankis. Nuestro pueblo lo respeta, lo respalda y lo quiere. Pronto lo llamarán El Maestro. Washington responde con la política de mano dura, como se le llama ahora.

Recordemos los hechos más significativos de esa época (1933-1936):

1933 Llega a Puerto Rico el coronel del ejército de los Estados Unidos, Francis E. Riggs, con el nombramiento de jefe de la Policía de Puerto Rico. Enseguida militariza la policía (armas largas, carabinas, rifles, ametralladoras y gases lacrimógenos entre otro equipo).

1934 En enero estalla la huelga de la caña y los obreros llaman a Pedro Albizu Campos a dirigirla. Se logra un triunfo en la misma. Por primera vez se juntan las fuerzas del movimiento obrero con las del nacionalismo. El sistema colonial se siente amenazado. En febrero de ese año, un mes después de comenzar la huelga, Blanton Winship general del Ejército de los Estados Unidos es impuesto como gobernador de nuestro país por el presidente Franklin D. Roosevelt. Arrecia la más brutal campaña de represión contra el Partido Nacionalista.

1935 El 24 de octubre ocurre la Masacre de Río Piedras. La Policía de Puerto Rico, bajo el mando del coronel norteamericano Francis Riggs, asesina a cuatro jóvenes nacionalistas: Ramón S. Pagán, Pedro Quiñónez, Eduardo Rodríguez y José Santiago, e hieren a Dionisio Pearson. Las muertes quedaron impunes. Manifestaciones de protesta contra el abuso policial suceden en todo Puerto Rico.

1936 Los jóvenes nacionalistas, Hirán Rosado y Elías Beauchamp, autores del ajusticiamiento del coronel norteamericano jefe de la policía Francis Riggs, responsable de la Masacre de Río Piedras, son asesinados por la Policía dentro del Cuartel en San Juan. Las muertes quedaron impunes.

1937 La extranjera Corte Federal, tribunal del imperio, impone cadenas de 6 a 10 años de cárcel a Pedro Albizu Campos y otros siete dirigentes nacionalistas por el supuesto delito de conspirar para derrocar el gobierno de los Estados Unidos en Puerto Rico. Que ironía, el gobierno invasor, usurpador y violador de nuestros derechos nacionales, condena a nuestros patriotas que luchan por nuestra independencia. Se les olvidaba a los americanos que ellos pelearon su gloriosa Guerra de Independencia contra el Imperio Británico por seis años (1775-1781) para lograr su independencia.

Lo ocurrido en marzo de 1937

Era un momento doloroso el que vivía nuestra Patria para marzo de 1937. Don Pedro Albizu Campos y Juan Antonio Corretjer junto al resto del liderato nacionalistas presos en la Cárcel La Princesa esperando el resultado de la apelación del caso en la Corte del Primer Circuito de Boston (eventualmente se le confirmará la sentencia). En todo nuestro país se suceden las demostraciones de solidaridad con los patriotas encarcelados. La Junta Nacionalista de Ponce planifica un acto patriótico con doble motivación: conmemorar la Abolición de la Esclavitud a la vez protestar por el abusivo encarcelamiento de sus compañeros. Una semana antes del lamentable suceso, dos representantes de la Junta habían hecho una visita de cortesía al alcalde de Ponce, Jesé Tormos Diego, obteniendo un permiso de éste (que no era necesario ya que era el ejercicio de un derecho) para celebrar la parada y mitin el domingo 21 de marzo de 1937. Sin embargo, el día anterior a la actividad el capitán de la policía Felipe Blanco le extendía una carta amenazante a los nacionalistas informándoles que la policía no permitiría la actividad y que “seguían órdenes superiores”. Aunque no lo especifican se sobrentiende que se refería al gobernador Blanton Winship o al jefe de la policía, el coronel Enrique Orbeta. Es pertinente señalar que la carta no indicaba que el permiso hubiese sido revocado. Tampoco deba razones válidas que justificaran tal decisión. No hay duda que era una determinación arbitraria y violatoria de los derechos civiles. Así lo entendieron los nacionalistas.

Llegó el día de la actividad, Domingo de Ramos, 21 de marzo de 1937. Amaneció Ponce como una ciudad ocupada militarmente por la Policía. Desde el día anterior, cerca de doscientos policías armados con pistolas, revólveres, rifles, carabinas, ametralladoras y bombas lacrimógenas habían invadido la ciudad. Investigaciones realizadas aseguran que el gobernador Blanton Winship se había mudado provisionalmente a una finca de Villalba (lugar ni muy cerca, ni muy lejos de Ponce) donde junto a la Policía había establecido un Centro de Mando.

Horas antes de comenzar el acto (entre 1-2 PM) el coronel de la policía Enrique Orberta se entrevista con el alcalde José Tormos Diego, sometiéndolo a fuertes presiones. Le dice que el gobernador no quiere que se efectúe la marcha. Se inventa la gran mentira de que venían de Mayagüez 50 nacionalistas armados. Lamentablemente se quebró la voluntad del alcalde, ordenado la cancelación del permiso de otorgado. De inmediato el coronel Orberta acompañado por el alcalde Tormos Diego, se dirigen a la Junta Nacionalista para reunirse con los dirigentes Luis Castro y Plinio Graciano. Se reúnen en un ambiente de tensión y manifiesta hostilidad contra los nacionalistas. El coronel Orberta les informa de la cancelación del acto. Para tratar de justificar la decisión les mienten al decirles que los curas se oponían a la actividad por ser Semana Santa. Durante más de una hora los nacionalistas fueron sometidos a las fuertes presiones en las que se recurría al engaño y a la amenaza. De nada valieron tan censurables medios. Los nacionalistas se mantuvieron firmes en la defensa de su derecho a llevar a cabo su acto pacífico. Aquellos hombres discípulos del Maestro eran seres valientes, de principios y siempre consecuentes con lo que predicaban.

Terminada la reunión y habiendo ultimado los detalles del Plan Represivo a efectuarse, el coronel Orbeta y el capitán Blanco se ausentaron del lugar donde ocurrirían los hechos. De esa forma evadían su responsabilidad y demostraban su cobardía. Dejaron al mando al capitán Soldevila.

Horas antes de los sucesos ya la Policía tenía acorralada las calles Marina y Aurora, lugar donde comenzaría la marcha. Los policías estaban fuertemente armados con pistolas, rifles, carabinas, ametralladoras y gases lacrimógenos (no olvidemos la militarización de la Policía de Puerto Rico, obra del coronel norteamericano Francis Riggs). Por el contrario ni uno solo de los nacionalistas portaba armas. Recordemos que el 21 de marzo era Domingo de Ramos, día sagrado en nuestra tradición cristiana. Ni siquiera algo tan trascendente detuvo a los asesinos. Llegó la hora señalada para comenzar la marcha: las 3 PM. La parada estaba organizada. Al frente los Cadetes de la República, luego el Cuerpo de Enfermeras y por último la Banda Musical. Al compás de nuestro Himno Nacional, La Borinqueña, Tomás López de Victoria comandante de los cadetes da la orden de marcha. Se da el primer paso y de inmediato el capitán Soldevila se interpone esgrimiendo un bastón tratando de impedir la marcha. En ese preciso momento suena el primer disparo hecho al aire por el policía Armando Martínez. Al instante múltiples ráfagas de todas las armas desatan la más horrenda matanza que se registra en nuestra historia. Nacionalistas, transeúntes, espectadores, hombres, mujeres y niños, todos indefensos caen mortalmente heridos. Lamentos, quejidos, gritos de dolor, angustia, desesperación. Algunos se arrastran buscando refugio y milagrosamente se salvan. Otros no tienen la misma suerte, pues al ser descubiertos son acribillados vilmente por los criminales policías. Aquella matanza infernal duró de 10 a 12 minutos que parecieron siglos para aquellos seres agonizantes. Resulta pertinente destacar que la Policía en todo momento actuó en forma abusiva, cobarde, irresponsable, insensible, demostrando total desprecio por la vida de aquellos buenos puertorriqueños. Entre los héroes de aquella terrible matanza estaba el joven Bolívar Márquez que herido de muerte, agonizando, arrastra su cuerpo hasta la pared de un edificio y mojando sus manos con su propia sangre escribe: ¡VIVA LA REPÚBLICA! ¡ABAJO LOS ASESINOS! Era su último testimonio de afirmación independentista y de acusación a los criminales que creían que con sus muertes mataban el ideal de la independencia. Gravísimo error, por el contrario esas muertes sirvieron de inspiración para continuar con la lucha centenaria por la libertad de nuestra Patria. Fue trágico el desenlace de aquel terrible suceso: 19 personas muertas y más de 150 heridos, todos inocentes e indefensos. La dolorosa noticia conmovió la conciencia de todos los puertorriqueños.

El fiscal Rafael V. Pérez Marchand realizó una exhaustiva investigación que culmina con la radicación de acusaciones por asesinatos contra cuatro policías. De inmediato el gobernador Blanton Winship somete a fuertes presiones al fiscal Pérez Marchand para que retirara las acusaciones y presenta cargos contra los nacionalistas sobrevivientes. Increíble, pero dolorosamente cierto. Ante el dilema de conservar su puesto cometiendo una injusticia o rechazar esa infame propuesta, decide renunciar salvando su honor y defendiendo la verdad y la justicia. Enseguida nombran al abogado Marcelino Romany como fiscal investigador que complace al gobernador Winship haciendo la investigación de encargo. Le retiran los cargos a los policías y luego acusan a un grupo de nacionalistas de la muerte del policía Seferino Oyola. En las investigaciones de Pérez Marchand y el Comité Hays se comprobó que las muertes de los dos policías habían sido causadas por el fuego cruzado de los mismos policías.

Nuestro pueblo indignado reclama una investigación que lleve al conocimiento de la verdad y a la aplicación de la justicia. Se constituye el Comité Hays (comité cívico) presidido por Arthur Garfield Hays, prestigioso jurista norteamericano, y constituido por un grupo de prominentes puertorriqueños. Terminada la extensiva investigación el Comité concluye lo siguiente (entre otras):

Que Blanton Winship, gobernador de Puerto Rico era el principal responsable de todo lo ocurrido.

  1. Que todos los nacionalistas muertos y heridos estaban desarmados.
  2. Que la policía violentó los derechos civiles de los nacionalistas; particularmente el más valioso de todos, la vida.
  3. Que lo ocurrido allí fue una matanza de seres inocentes.
  4. Que tenía razón el pueblo de Ponce cuando bautizó el lamentable suceso como “LA MASACRE DE PONCE”.

Lamentablemente este Comité Cívico no tenía facultad legal para llevar al gobernador y a los policías a un proceso judicial. Sin embargo, tenía la fuerza moral para denunciar los abusos y crímenes cometidos. Gracias a los testimonios de los sobrevivientes, a los valientes periodistas José L. Conde (quien trabaja para el periódico El Mundo) y a Carlos Torres Morales (quien trabaja para el periódico El Imparcial), que tomaron fotos de la tragedia, del trabajo del licenciado Rafael Pérez Marchand y a este Comité, nuestro pueblo conoció la verdad del lamentable suceso. También las futuras generaciones conocerán la verdad histórica.

Juicios fabricados contra los nacionalistas (entre septiembre de 1937 y febrero de 1938)

Los nacionalistas sobrevivientes víctimas de la tragedia serán sometidos a otro abuso de poder. Serán juzgados por orden expresa del sanguinario gobernador, el general Blanton Winship, el mismo responsable de la matanza. Se lleva a cabo los juicios entre septiembre de 1937 y febrero de 1938. Agraciadamente los nacionalistas fueron defendidos por dos excelentes y prominentes abogados comprometidos con la causa de la justicia; los licenciados Ernesto Ramos Antonini y Víctor Gutiérrez Franki. Todos, los diez nacionalistas fueron declarados inocentes. Sin embargo las 19 muertes de inocentes y el sufrimiento de más de 150 heridos quedarían impunes. Increíble, pero dolorosamente cierto. Tamaña injusticia y abuso de poder.

Recordemos con gratitud y amor aquellos héroes y mártires que ofrendaron generosamente sus vidas por la defensa de nuestras libertades y el sagrado derecho a la independencia de nuestra Patria. Que su gran ejemplo de valor y sacrificio fortalezcan nuestro compromiso con la lucha por la independencia de Puerto Rico. Recordemos a nuestro Maestro Pedro Albizu Campos: “LA PATRIA ES VALOR Y SACRIFICIO”.

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