El fracking: riesgos y ventajas reales

 

 

 

 

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¿Se trata de una técnica eficaz para la explotación de hidrocarburos o es la condena definitiva de nuestro ecosistema? La respuesta está en algún punto del medio: bien usada puede traer grandes beneficios, pero tiene peligros muy serios.

Alejandro_Ospina_Razonpublica Alejandro Ospina Angarita*

¿Qué es el fracking?

La decisión del gobierno nacional de dar vía libre a la exploración y desarrollo de yacimientos no convencionales (YNC) de hidrocarburos y a la práctica asociada con esta actividad – el fracking o fracturamiento hidráulico – ha dado pie a un debate del más alto interés para Colombia.
Aunque se trata de una tecnología que la industria utiliza desde hace por lo menos ochenta años, la intensidad de uso del fracturamiento en esta nueva era del desarrollo de los YNC ha puesto de relieve los riesgos que ella implica.
Comienzo por recordar que los hidrocarburos, como el petróleo y el gas, se encuentran atrapados en diminutos poros que forman los granos o partículas de las rocas sedimentarias. Tradicionalmente, estos poros se encuentran intercomunicados y por tanto permiten que los fluidos se muevan desde esas rocas hacia los pozos que se perforan para su explotación. Esto es lo que hoy se denomina “yacimientos convencionales”.
No obstante, por su génesis, algunos hidrocarburos se encuentran atrapados en rocas que no tienen la mencionada interconexión entre sus poros, es decir, que son de muy baja o casi nula permeabilidad e impiden el paso del petróleo o el gas hacia los pozos perforados. Estos son los yacimientos no convencionales (YNC), y su explotación se proyecta como una gran opción para atender la demanda creciente de hidrocarburos en el mundo.
Consiste en utilizar la potencia hidráulica conseguida mediante el bombeo de agua a alta presión para producir micro-fracturas que conecten los poros donde se encuentran los hidrocarburos.

Para resolver el problema de flujo que se presenta en los YNC, la técnica más extensamente utilizada es el fracking, que consiste en utilizar la potencia hidráulica conseguida mediante el bombeo de agua a alta presión para producir micro-fracturas que conecten los poros donde se encuentran los hidrocarburos.
Para decirlo de manera simple: se trata de construir canales mediante los cuales el gas o el petróleo puedan moverse de sus poros de origen hasta el pozo que se perfora.
Este procedimiento incluye la inyección, junto con el agua, de arena natural o sintética, para que sirva de soporte y prevenga el cierre de las pequeñas fracturas a manera de cuñas para mantener la estabilidad de la mezcla durante la operación.
En muchos países se exige divulgar la lista de aditivos que se utilicen en las operaciones de fracking, como una forma de garantizar el control apropiado de las mismas (aunque en Estados Unidos esta divulgación no es obligatoria debido al sistema de protección de patentes).
Estados Unidos ha sido el abanderado en el uso de esta técnica, a tal punto que el diario español ABC publicó un artículo donde muestra que gracias a ella para 2035 este país producirá más barriles de petróleo que Arabia Saudita y logrará la autosuficiencia energética, lo que representa un gran avance para la agenda política norteamericana.

 

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Los riesgos

Todo lo que anteriormente se describe, en apariencia, no tiene mayores complicaciones operacionales, pero implica una serie de riesgos que, de no ser considerados apropiadamente, pueden convertirse en impactos adversos para el ambiente y las comunidades. Estos riesgos son:
la emisión involuntaria de hidrocarburos al ambiente (atmósfera y acuíferos dulces),
la contaminación del agua dulce con aguas usadas en el fracturamiento,
la afectación de fuentes superficiales debido a la captación para uso en proyectos de este tipo, y
la sismicidad inducida.
Todos esos riesgos son reales y serios, pero en su mayoría no son ajenos a la práctica convencional petrolera y pueden ser manejados apropiadamente a fin de evitar consecuencias indeseables.
1. Es cierto que en yacimientos excesivamente someros las fracturas generadas durante el proceso se pueden propagar hasta la superficie o hasta fallas naturales aledañas al pozo, y por esa vía los hidrocarburos, principalmente el gas natural, puedan alcanzar acuíferos superficiales o incluso la atmósfera.
Sin embargo se debe aclarar que el avance en la tecnología del fracking permite predecir con gran exactitud la dimensión de las fracturas que se producirán lo cual, acompañado de un adecuado conocimiento de la geología regional y de las prácticas adecuadas para el completamiento de pozos, hace posible evitar la materialización de este riesgo.

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2. Otro asunto que despierta gran preocupación es el manejo que se dé a la técnica en superficie y la eventual reinyección de las aguas que son usadas en el fracturamiento y extraídas simultáneamente con los hidrocarburos. En muchos casos, dichos fluidos son inyectados a otros estratos rocosos en el subsuelo, y al aumentar su presión pueden llegar a interconectarse con acuíferos superficiales, lo que produce la contaminación del agua dulce.
La producción petrolera, en todo el mundo, está históricamente asociada con la producción de agua. Esta agua se halla atrapada con el petróleo y el gas de forma natural y pertenece a un sistema totalmente aislado del sistema hídrico superficial que soporta el sistema biótico terrestre.
El manejo de esta agua en superficie y su posterior reinyección se han hecho durante décadas y, aunque existan casos de malas prácticas que pueden causar contaminación, en el presente este proceso puede ser desarrollado con total seguridad.
Colombia, en particular, tiene condiciones para lograr producciones de hasta nueve veces más cantidad de agua que de petróleo en un mismo yacimiento en cuencas como la de los Llanos orientales.
Dicha agua, en ocasiones, se reinyecta al subsuelo y, en otras, se vierte en la superficie, pero cumpliendo las regulaciones vigentes en Colombia, que es coherente con los estándares internacionales para el manejo de efluentes líquidos.
3. La industria petrolera colombiana no es una usuaria intensiva de agua como insumo para sus procesos industriales, pero en el desarrollo de sus proyectos en regiones remotas y en procesos puntuales, como la perforación, se requieren ciertos volúmenes de agua fresca, principalmente para consumo y aprovechamiento humano.
En yacimientos excesivamente someros las fracturas generadas durante el proceso se pueden propagar hasta la superficie o hasta fallas naturales aledañas al pozo.
Pero las fuentes de captación de agua con destino a las actividades de fracking, que son considerablemente mayores, están previstas en la regulación existente en Colombia, orientada a evitar que se produzca un desbalance en los sistemas hídricos superficiales.
Para nuestra tranquilidad, la tecnología que permite el reciclaje del agua utilizada en estos procesos es cada vez más eficiente y por tanto la demanda de agua será menor con el paso del tiempo.
4. También existe el temor de posibles repercusiones negativas como producto de la sismicidad inducida o del aumento de la actividad sísmica de una región en particular. Al respecto es importante aclarar que así como existe una buena cantidad de estudios que muestran una relación entre el fracturamiento hidráulico y este fenómeno, otros tantos descartan un vínculo entre ellos.
Cierto es que el sistema rocoso de la estratosfera del planeta es un sistema dinámico, lo que es evidente tanto en la actividad de las placas tectónicas como en sistemas regionales fallados y fracturados que, dada su edad reciente, aún presentan condiciones que podrían considerarse relativamente inestables.
En estos últimos casos existe una probabilidad, cuando menos en teoría, de exacerbar procesos naturales que pudieran inducir mayor frecuencia o intensidad en la actividad sísmica. Sin embargo, los casos más típicos que han sido asociados con el fracking en ningún caso han representado situaciones que pongan en riesgo la vida humana o el equilibrio ambiental.
Un tema delicado
No obstante la posibilidad objetiva de controlar los riesgos asociados con el fracking, es indudable que la percepción pública sobre esta tecnología y sobre la industria extractiva en general tiene un gran peso en el momento de las decisiones. Razón de más para que estas decisiones, si bien son de naturaleza política, estén basadas en la evaluación objetiva de los riesgos y en el análisis de las alternativas para mitigarlos.

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Los trabajadores de la industria, que conocemos de primera mano esta realidad y hemos sido parte fundamental del éxito del sector petrolero colombiano, tenemos que contribuir a establecer la mejor forma de aplicar este avance tecnológico para bien del país.
El reto para Colombia en relación con el avance en la exploración y desarrollo de sus YNC de hidrocarburos no es sencillo. Es evidente la gran importancia del sector petrolero en la economía colombiana, lo que contrasta con la tendencia declinante de sus actuales campos y la incorporación insuficiente de nuevas reservas en yacimientos convencionales, sin que se avizore algún sector alternativo que pueda sustituirlo.
Por otra parte, el aumento de los conflictivos sociales y la presión de los movimientos ambientalistas sobre la industria petrolera en el mundo y en Colombia hacen particularmente difícil la aceptación social de este tipo de proyectos, lo que se podría  traducir en un alto costo o en la inviabilidad de esta iniciativa.

*Ingeniero de Petróleos, magister en Gestión de la Industria de los Hidrocarburos, presidente de la Unión de Trabajadores de la Industria Energética Nacional Seccional Hidrocarburos.

 

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